Sinceramente creo que hay cosas en la vida que no tienen por qué suceder pero que sin que nosotros podamos hacer nada, se nos salen de las manos y generan cierta incomodidad o pérdida del equilibrio de la cotidianidad. Lógicamente hay cosas que tienen una incidencia mayor, dentro de las cuales se encuentran las traiciones sentimentales, no solo en términos de pareja, sino también en lo que se refiere a la amistad.
Nosotros los seres humanos le damos mucha trascendencia a las cosas, por ejemplo las relaciones sociales como son parte de nuestra cotidianidad, son aspectos que frente a cualquier desfase o desequilibro, genera un fuerte golpe. Personalmente creo que hay traiciones en diferentes tipos, pero una de las que más duele es la de la amistad por el amor.
Una persona que yo consideraba mi amiga ha generado en mi cambios fuertes, quizás sin darse cuenta, los errores que ha cometido han sido muchos uno tras de otro, y con el decir “me perdonas” al día siguiente cree que las cosas han quedado como si nada hubiera pasado.
Considero que he sido muy ingenua o noble, por decirlo de alguna manera; me he caracterizado siempre por ser una mujer con un carácter fuerte, pero no siempre, las personas que son fuertes para unas cosas lo son para todo; por ejemplo, yo no soy fuerte para las cosas como traiciones y de eso me he dado cuenta, lastimosamente, “gracias” a lo que me ha pasado con mi “amiga”.
Siempre he dicho que “lo que importa es el detalle” las situaciones de la vida cotidiana son muy complejas, y más como lo decía con anterioridad en las relaciones de tipo afectivo; la dualidad que existe todo el tiempo en estas relaciones genera un descontrol en la parte emocional, logrando conectar los diferentes tipos de choques que se dan internamente.
Realmente considero que el “perdón” de las traiciones depende de la forma de pensar de las personas, personalmente puedo dejar pasarlo una, dos y hasta tres veces, pero cada vez el proceso de desconfianza en la persona que traiciona es mayor, de todas maneras lo dejo al libre albedrío de las personas el “perdonar o no perdonar”.
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